La inteligencia artificial será utilizada tanto por ciberdelincuentes como por defensores con un alto grado de autonomía operativa.
Las suplantaciones por voz, vídeo o texto alcanzarán un nivel de realismo inédito, elevando el fraude conversacional a una amenaza crítica.
El ransomware evolucionará hacia modelos basados en extorsión mediática, sin necesidad de cifrado.
La prevención, la trazabilidad, el análisis continuo y la gobernanza de la IA serán claves para la ciberseguridad en 2026.
Un 2026 de transformación digital y amenazas impulsadas por IA
Según el informe anual de predicciones de Check Point Software Technologies, presentado a finales de 2025, el panorama de la ciberseguridad sufrirá una transformación profunda en 2026. La inteligencia artificial no solo se integrará en la defensa digital, sino que también será el motor de ataques cada vez más sofisticados y autónomos.
Eusebio Nieva, director técnico de Check Point en España y Portugal, afirma que nos adentramos en la era de la IA agentiva, en la que sistemas autónomos no solo asistirán a los ciberataques, sino que los ejecutarán de forma directa y sin supervisión humana. Esto exigirá a las organizaciones implementar mecanismos de gobernanza, trazabilidad y auditoría continua para cada decisión automatizada.
Suplantaciones cada vez más creíbles: deepfakes y fraude conversacional
Una de las principales alertas del informe se centra en el incremento de los ataques de suplantación a través de tecnologías como las deepfakes y los bots conversacionales. En 2026, estas técnicas serán capaces de imitar voces, rostros y estilos comunicativos con una precisión sin precedentes.
Estas falsificaciones podrían llegar a autorizar pagos o desbloquear accesos a sistemas críticos mediante llamadas o mensajes completamente falsificados. Por ello, las empresas tendrán que ir más allá de la autenticación tradicional y validar comportamientos, contextos y patrones de interacción, como forma de detectar accesos no legítimos.
Riesgos de la IA sin gobernanza: el ‘Shadow AI’ como nueva amenaza interna
Tras varios años de adopción intensiva de inteligencia artificial por parte de las empresas, muchos entornos corporativos descubrirán que se ha extendido un uso no autorizado y no supervisado de herramientas de IA, como asistentes generativos o copilotos. Este fenómeno, conocido como Shadow AI, puede exponer datos sensibles a través de APIs vulnerables o integraciones no controladas.
Ante esta amenaza emergente, Check Point vaticina el nacimiento de marcos formales de evaluación de IA en entornos corporativos, centrados en la transparencia, la robustez técnica y la trazabilidad de decisiones automatizadas.
Nueva fase del ransomware: de cifrado a extorsión mediática
Otra de las grandes tendencias para 2026 será la evolución del ransomware. Lejos de centrarse en el cifrado de archivos, los atacantes optarán por filtrar información sensible y utilizarla como herramienta de extorsión a través de campañas mediáticas, amenazas públicas o incluso presiones regulatorias.
Este cambio obligará a las organizaciones a reforzar sus medidas de protección de datos y a prepararse para gestionar crisis reputacionales derivadas de filtraciones, más allá del mero restablecimiento de sistemas.
Objetivos vulnerables: routers, cámaras y dispositivos del IoT
El informe también pone el foco en el Internet de las Cosas (IoT) como un punto crítico de vulnerabilidad. Dispositivos como cámaras, routers domésticos o asistentes inteligentes serán blanco prioritario de ataques impulsados por IA. Los ciberdelincuentes utilizarán algoritmos capaces de replicar comportamientos y patrones reales, burlando así los sistemas de detección tradicionales.
Esto hace necesario un análisis continuo del comportamiento de los dispositivos conectados, así como la consolidación de infraestructuras más resilientes y segmentadas.
Las cuatro claves de la ciberdefensa en 2026
Check Point resume su estrategia de prevención en cuatro principios fundamentales para hacer frente al nuevo escenario digital:
Prevención proactiva: anticiparse a los ataques utilizando IA defensiva que detecte patrones anómalos antes de que se materialicen las amenazas.
Gobernanza de la IA: garantizar que los sistemas autónomos actúan bajo vigilancia, con registros trazables de cada acción.
Protección integral del entorno conectado: abarcar no solo los terminales clásicos, sino todo el ecosistema digital, desde dispositivos IoT hasta redes híbridas.
Unificación de la ciberdefensa: integrar visibilidad, análisis y control en una plataforma común para evitar silos informativos y mejorar la toma de decisiones.
La IA como arma de doble filo
El uso masivo de inteligencia artificial marcará tanto la evolución del cibercrimen como el desarrollo de soluciones defensivas. La diferencia estará en la capacidad de las organizaciones para controlar, auditar y evaluar estas herramientas, evitando que se conviertan en un factor de riesgo.
El año 2026 será, según Check Point, el punto de inflexión en el que la ciberseguridad tradicional dará paso a una nueva etapa dominada por sistemas autónomos. El éxito dependerá de la anticipación, la inteligencia colectiva y la capacidad para hacer de la IA una aliada —y no una amenaza— en la protección digital.